lunes, marzo 03, 2014

Alceu Ribeiro

Conversación con Alceu Ribeiro



Mancha y línea sobre un plano

“En el principio fue el ritmo”
Refrán africano

por Ana Larravide



- ¿Una entrevista? Estás loca.
- Como si estuviéramos en aquel bar ¿estará todavía? enfrente de tu taller, en Constituyentes y Tacuarembó... Recuerdo un cuadro tuyo de ese taller: su ventana, un caballete a contraluz y afuera un árbol, un plátano. ¿Cómo se llamaba aquel bar?
- Bueno...uno decía “vamos al boliche de Eulogio”. Eso era todo.
- En ese taller, una noche nos mostraste un libro de Goya, de sus pinturas en san Antonio de la Florida. Nos enseñabas que aquellas inmensas manchas sueltas -que al mirarlas desde abajo tenían forma de personas y ángeles- de cerca podían tomarse por cuadros abstractos: “son manchas y líneas sobre un plano.”
- En opinión de Torres, Goya es uno de los ejemplos más altos de la pintura. Él decía que la pintura es una relación de valores. Eso muestra Goya. Y también Velázquez, de una manera cautivante.
- Veinte años después entré, en Madrid, en la Capilla de san Antonio. Allí estaban en la cúpula: los planos azul grisáceo, ocres, blancos, de aquel libro.
Unos espejos en atriles los acercaban, en las esquinas; pero preferí desnucarme mirando hacia arriba. Parece que Goya hubiera pintado en el aire, esas manchas.
- No muchos vistan ese lugar; aunque sólo queda a diez minutos del museo del Prado. Espero que al salir de allí hayas entrado en Mingo, al lado, a tomar una sidra y comer una cazuelita de callos.
- ¡Ay, si, fui!
- Es tan bueno en lo suyo como Goya pintando. Te decía: la relación de valores es una de las cosas más definidas -se siente fuertemente frente a un buen cuadro- pero también es una cosa nunca definida. 
- ¿Una cosa nunca definida? Pero dentro del Taller Torres parecían tener todo muy definido: Removedor publicó la crítica más corta y lapidara que se conoce: “Exposición de Fulano. Tono, mal; dibujo, mal; estructura, mal: todo mal”
- Ah... jejje, esa crítica debió ser de Guido Castillo. Una mirada exigente, la de él. El Taller le concedía autoridad a sus apreciaciones.
- Tu mirada ¿que aprecia en especial, en un cuadro?
- Que tenga duende. Me quedo con una frase del propio viejito Torres: “Ese cuadro tiene duende”, decía. Y seguro estaba frente a una pieza de pintura excepcional.
Si un cuadro tiene duende tiene todo: logra emocionarte.
Te detiene al paso, donde sea (en un museo, una muestra). Las relaciones entre cuadro y persona son infinitas; pero la buena pintura tiene ese imponderable que te hace temblar.
- ¿Un cuadro se despega, entre otros, y llama especialmente?
- En música sucede algo parecido. Hasta puede darse ese despegue entre dos grandes: Torres llegó un día diciendo: “Pasé toda la noche escuchando a Beethoven y a Bach. Beethoven es muy grande, pero Bach lo es más todavía.”
- La relación de valores ¿a qué se refiere?
- Al tono. Es una determinada armonía. Esa relación se da en cada superficie. Los colores pueden ser los de la paleta baja. O cadmios... Pero cuando entonan, cuando hay relación de valores, hay cuadro.
-¿Qué diferencia a la pintura-pintura de la que no lo es?
-La pintura es siempre la misma. Cambian los estilos, las épocas. Cambian sus búsquedas, sus aventuras. Pero su lenguaje es siempre: tono, ritmo, estructura.
- El duende habla ese lenguaje.
- Nunca se sabe cómo hablará. Recuerdo una obra -pequeña- en un salón del museo Reina Sofía: cuatro o cinco pajes y damas, frontales, con sus ropajes de pliegues... hacían un juego de planos marcando diagonales (verde, rosa, gris, amarillo). Entrecerrando los ojos podía ver pequeños planos abstractos en vez de figuritas naturalistas. Todos los estilos no hacen otra cosa que recomponer, a su manera, “manchas y líneas sobre un plano”.
- No importa que el tema sean pajes y damas o jarritos blancos y tablas de picar.
- No importa.  Componer un cuadro sólo es distribuir planos sobre un plano.
 - ¿Ah, si? Mire usté. Explique más.
- Yo conozco tres formas ¿Por qué no pruebas tú, con unos cartoncitos? O con galletitas “María” (alguna la quiebras, para que no sean todas iguales... Las distribuyes, proyectadas sobre un fondo, como si fuera un piso: yuxtapuestas, contrapuestas, superpuestas...
- Parece fácil. ¿Yuxtapuestas sobre una superficie?
- Sí, arrimadas unas contra otras.
- O  contrapuestas...
- Sueltas sobre el fondo, como si estuvieran peleadas:
- O superpuestas...
- Claro: encimadas.  Pero eso sirve mejor para trabajar con madera que para pintar. Hice una cabeza de mujer hace poco, con dos tablitas superpuestas...
Trato de no mezclar las formas. Mezclarlas no es lo que se me da mejor. La transparencia, tampoco. En cambio, jugar con las formas de esas tres maneras, siempre me da resultado.
- Yuxtaponer, contraponer, superponer.
- No es ninguna novedad. Velázquez lo insinúa, en “Las meninas”. Recordá: es como un friso. En el primer plano de la tela, la trilogía de la infanta y las otras dos niñas. Detrás: Velázquez en su caballete, los padres... también son figuras yuxtapuestas (o así las veo yo). También hay elementos complementarios: el perro, que ocupa un espacio... Nicolasito... Claro que son todos elementos figurativos; pero si los sustituyeras por planos, por manchas (sin anécdota alguna), ese cuadro igual sería una maravilla.
- Alceu ¿y tu mudanza, tu taller nuevo? ¿Ya está?
- ¡Qué va! Estuvimos con Isabel lavando pisos, clavando bibliotecas... Pero todavía queda en el ambiente más grande un montón de sillas... y caballetes, bastidores arrimados a la pared. Hay mucho que colgar. Hasta que no vea los zócalos no estaré tranquilo.
- Entonces ¿no estás pintando, en estos días?
- ¡Pero sí! Ya se acerca la fecha de la exposición en Sollerit. Así que estoy preparando un tríptico que será de 1.95 por 3.40.
- ¡Pero eso es enorme!
- No creas: se perderá, en lo que llaman el salón Magno de Sollerit, que es de diez metros por casi veinte. Tranquilamente flotará allí mi tríptico, con sus tres partes de 1.95 por 1.14 cada una.
- ¡Ah! Podrás hacer una gran vidriera o ventana, con figuras de personas en  tamaño natural...
-Mmmm... no creo. Estoy pensando en tres frisos de color, bien definidos, y algunas formas frontales...
-Ya sé: yuxtapuestas o contrapuestas.
- Posiblemente.
- Pero siempre de manera que emocionen. Para lo cual no hay regla. ¿Cómo era aquello de “amo la emoción que corrige la regla”?
-Eso es una preciosa frase de Braque, que a Torres le gustaba repetir: “Amo la regla que corrige la emoción y la emoción que corrige la regla.”
Es así, en la pintura y la vida. La razón y la intuición se corrigen mutuamente.
Si te mueves con eso vas bien por la vida, no sólo con la cabeza ni sólo con el corazón.
También me gusta mucho algo que decía Stravinsky: “El arte es lo contrario del caos”
- Tanto te gusta que lo has recordado en uno de tus catálogos.
- Si. Me gustan las frases -o los libros- que insinúan más de lo que dicen. Lo mismo, las personas. Prefiero las que no hablan mucho pero sugieren y hacen pensar. Pero aquí estoy hablando, yo mismo, de más: ¡Ana!... ¡no me jorobes!... ¿que estás haciéndome decir?
- Lo que quieras.
- ¿Qué más contarte?
- La alegría al despertarte cada día buscando tus pinceles.
- ¿Sabes que sí? Eso me pasa. Una vez titularon una entrevista que me hicieron aquí “Alceu Ribeiro, setentón y vitalista”. De eso han pasado dieciséis años.
- ¿Estás seguro?
- Tan seguro. Mirá, un amigo mío, al que yo llamaba “el dios Nepo” porque tenía frases como sentencias, decía “Después de los cincuenta se vive de regalo.” Yo sé que mi cuerda vital es más cortita ahora, pero es de todos modos un regalo que disfruto.  Lo uso practicando, practicando... Si me regalaran cincuenta años más podría pintar un cuadro bueno.
- Alguno que otro has pintado. ¿Cómo sería “el bueno”?
- Uno que no saliera por casualidad. Siempre me parece que, si hoy lo pienso bastante, mañana voy a pintar un buen cuadro.
- ¿Cómo es eso?
- Es así. Uno vive pensando cuadros. Después, al pintar, es el cuadro el que manda y te va llevando. Ya no se piensa, se pinta.
Mirá: hay pequeñas cosas de las cuales no dudo: una de ellas es algo que decía Matisse: “El dibujo de un niño te deslumbra, pero el niño no mantiene una constante. Deseo volver a ser niño en la frescura; pero con conocimiento.”  Esa posibilidad de repetición -de no hacer algo por azar sino intencionadamente- es la del trabajo adulto, que suma corazón y cabeza.
En esto también estaba de acuerdo Monet: “Piense todo lo que quiera -decía- pero cuando pinte, pinte.”
-Te gustan las frases. Te regalo una que me encanta, de García Lorca: “Sólo el misterio nos hace vivir.”  Como tú, busca algo indefinido, pero intuido como imprescindible. ¿Será eso lo que convierte un cuadro en cuadro y un poema en poema?
- Ese algo para mi es el ritmo. El ritmo da vida. Organiza el misterio.
El ritmo es la palabra fundamental para mí. Es lo que hace que todas las cosas funcionen en una superficie.
Si no hay ritmo no hay congruencia. Anhelo Hernández dio con esa palabra, perfecta: “seamos pintores congruentes”, dijo. Esa congruencia entronca con los principios torregarcianos.
Y ya que estamos por las definiciones positivas hagamos, en contraste, una negativa: sobre Salvador Dalí... ¡que no joda, vamos!...  Fue muy imaginativo, muy productivo... Pero la pintura, pintura es otra cosa. Mira, Ana... Joaquín Torres García lo diferenciaba así: “Hay pintores que se sirven de la pintura y hay pintores que sirven a la pintura.”
- Querido flaco, si se apareciera aquí un duende benéfico, que te concediera lo que te hiciera más feliz, ¿qué querrías ser?
- Un servidor.
















2 comentarios:

Carlos Castro dijo...

Precioso reportaje...lo disfruté mucho porque tuve la dicha de conocer al entrevistado y a la entrevistadora...

Ana Larravide dijo...

qué bueno, Carlos.. tú has podido entonces agregarle sonido a la charla: el simpatiquísimo tono bayano de Alceu.! abrazo